Recibe las noticias por RSS

Cuerno de África, seis meses después de la declaración de hambruna, la vida de 13 millones de personas continúa en riesgo.

Las comunidades de pastores de Turkana, Kenia están atravesando una de las peores épocas de sequía que se recuerdan, y dependen cada vez más de la ayuda alimentaria. Aquí es donde la gente viene a buscar agua, distrito de Lokitaung, marzo de 2011. Foto: Andy Hall

Fuente: CONDGE

Seis meses después de la declaración de hambruna en el Cuerno de África, más de 13 millones de personas continúan sufriendo una grave crisis alimentaria. La lentitud en la respuesta internacional supuso la pérdida de miles de vidas, tal como denuncian Intermón Oxfam y Save the Children en un informe presentado la semana pasada. Medio año después, las ONG presentes en la zona hacen balance, muestran lo aprendido en el proceso y exigen que se cumplan los compromisos asumidos por la comunidad internacional.

Si se hubiera respondido de manera rápida y efectiva a las alertas tempranas que advertían de la gravedad de la situación, miles de vidas se habrían salvado. ONG, Naciones Unidas, la comunidad internacional y todos los actores implicados en esta respuesta deben asumir su responsabilidad en este sentido. La respuesta ante  situaciones tan extremas debe ser inmediata y coordinada; es preciso, por tanto, que se revisen los modelos de respuesta ante crisis alimentarias. Ahora bien, antes de llegar a tales extremos, es obligatorio actuar sobre las múltiples y diversas causas que provocan el hambre extrema.

La hambruna es consecuencia de múltiples factores que van más allá de las fronteras de la región. A la sequía y ciertos conflictos en la zona se une de manera determinante la especulación internacional con alimentos que hace que los precios suban en África de manera escandalosa. Por tanto, además de respuestas inmediatas y efectivas a la hambruna deben ponerse en práctica políticas internacionales que van más allá de la pura cooperación al desarrollo y que implican decisiones económicas, comerciales y geoestratégicas.

La comunidad internacional, y todos los actores implicados, tienen la oportunidad de reaccionar ante los múltiples retos que quedan por delante en la región y responder a las alertas que nos están llegando desde la región del Sahel. Se sabe que las actuaciones tempranas garantizan la supervivencia de miles de personas. La voz de alarma ya ha sonado, ¿se sabre estar a la altura?

 

Los comentarios están cerrados