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Emergencia cuerno de África: Testimonios desde Yibuti: “Hay días que no comemos nada”

Los equipos de Acción contra el Hambre que trabajan en 6 centros nutricionales, realizan actividades de diagnóstico de la desnutrición aguda severa en los barrios más desfavorecidos de Yibuti

La enfermedad es todavía tan  poco conocida como las posibilidades de tratamiento, por lo que la detección es fundamental para que los niños desnutridos sean curados

En el país, netamente importador de alimentos (sólo el 2% de la tierra es cultivable) los precios de los alimentos básicos han llegado a triplicarse

El precio del agua en los suburbios es hasta 12 veces más cara que la de la red de agua de la ciudad, un precio inaccesible para los más pobres.

En el barrio de Balbala, situado en la periferia de Yibuti, donde muchos ganaderos han vuelto a la ciudad tras perder su ganado y viven junto a la población que ha emigrado de Somalia o Etiopía, apenas cuentan con agua corriente, electricidad, o saneamiento. “Aquí, cada día nos encontramos con nuevos casos de niños menores de cinco años que sufren desnutrición”, afirma Haraksan, uno de los nutricionistas de Acción contra el Hambre.

Alabdeen

Fara, la madre de Alabdeen, que sufre desnutrición aguda moderada, es decir que pesa menos del 80% del peso que debiera de tener por su altura, explica que su marido es un jornalero que trabaja en el puerto de Yibuti. No consigue encontrar trabajo todos los días  y el salario es muy bajo. Esto hace que muchos días no consiga nada para traer a casa.

Además los precios de los productos básicos (azúcar, aceite, arroz…) han aumentado en los últimos meses. No pueden comprar  suficientes alimentos. “50kg de azúcar costaban 6.000 francos, ahora son 10.000, y el precio del arroz se ha duplicado”, comenta Fara. Con solo el 2% de las tierras cultivables, el país importa casi todos sus alimentos y es, por tanto, totalmente dependiente del precio de las materias primas de los mercados internacionales. El alza de precios a escala internacional, sumado a factores locales, ha duplicado e incluso triplicado el precio de los alimentos en el país. “La vida se ha puesto muy cara. Los que ya eran pobres no dejarán de serlo” añade Fara. “Hay días en los que no comemos nada”, y cuando tienen alimento sólo consumen una pequeña parte y venden el resto para tratar de ganar un  poco de dinero.

Moussa

Moussa tiene 10 meses y el perímetro de su brazo mide menos de 11cm: todo apunta a que padece desnutrición aguda severa. Según Aïcha, su madre, Mousa está desnutrido debido a otras enfermedades: acaba de salir hace apenas una semana del hospital donde ha sido tratada por fuertes diarreas y vómitos. Las enfermedades relacionadas con el agua son numerosas en el barrio donde viven, dadas las pobres condiciones higiénicas: no hay agua corriente ni letrinas. Los habitantes se ven obligados a defecar por las noches en las calles. “No tenemos agua corriente y tengo que ir a comprar bidones de agua a un alto precio a 100 metros de aquí”, explica Aïcha. “Economizamos mucho el agua, nos lavamos muy poco y no puedo fregar los platos, ni lavar la ropa o limpiar la casa”. El precio del agua en la calle es hasta 12 veces más cara que la de la red de agua de la ciudad, un precio inaccesible para los más pobres. En estos barrios, poblados recientemente por personas que han abandonado el campo o vienen de países vecinos, la red de agua no llega para adaptarse al total de la población.

Houmed e Idriss

Houmed e Idriss padecen desnutrición aguda severa. Su estado es muy preocupante: Idriss tiene 8 meses y sólo pesa 4,2kg y mide 58,4cm, y Houmed, con 7 meses de edad, pesa 4kg, en lugar de 8kg que sería lo normal, y mide 60,5cm. El equipo nutricionista decide hospitalizarle lo antes posible en la  unidad nutricional terapéutica. Su madre apenas tiene tiempo de coger algunas cosas y montan en el coche que les va a llevar al hospital acompañados por los equipos de la organización.

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