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La Soberanía Alimentaria como propuesta para combatir el hambre.

fuente de la fotografía: Revista Soberania Alimentaria, Biodiversidad y culturas. fuente de la información: kaos en la red.

En el día mundial de la alimentación, la soberania alimentaria una solución para acabar con la desnutrición y el hambre extrema.

En los últimos 50 años la producción mundial de alimentos ha aumentado a un ritmo sin precedentes y superior a la tasa de crecimiento de la población mundial. Entre 1990 y 1997 la producción per cápita de alimentos creció casi un 25 %, sin embargo, en el mundo más de 1.000 millones de personas aún pasan hambre, lo cual representa a una población mayor a la que vive en Europa.

La mayoría de los órganos de las Naciones Unidas que se dedican a luchar contra el hambre han establecido importantes programas sociales para promover la seguridad alimentaria de los sectores más pobres de la población, particularmente en las zonas rurales. Así, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) trabajan para aliviar la pobreza y el hambre en el mundo.

Además, muchas organizaciones de las Naciones Unidas trabajan desde sus perspectivas en el logro del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio: “Erradicar la pobreza extrema y el hambre”. Pero el hambre sigue existiendo, millones de personas lo padecen cada día, por unas causas que terminan por perpetuarlo de forma sistemática especialmente en las regiones más pobres del planeta.

Para combatirlo existen algunas alternativas entre ellas la Soberanía Alimentaria. La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos, de sus países o uniones de Estados a definir su política agraria y alimentaria, sin dumping frente a terceros países. La soberanía alimentaria va más allá del concepto más usual de seguridad alimentaria que plantea sólo asegurar que se produzca suficiente cantidad de comida con garantía sanitaria sin tener en cuenta qué comida se produce, cómo, dónde y en qué escala.

El concepto de Soberanía Alimentaria fue desarrollado por Vía Campesina y llevado al debate público en ocasión de la Cumbre Mundial de la Alimentación en 1996, con la intención de ofrecer una alternativa a las políticas neoliberales. Desde entonces, ese concepto se ha convertido en un tema mayor del debate agrario internacional, inclusive en el seno de las Naciones Unidas. Fue el tema principal del foro de organizaciones no gubernamentales (ONG) paralelo a la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en junio de 2002.

La soberanía alimentaria involucra:

- priorizar la producción agrícola local para alimentar a la población, el acceso de los campesinos y campesinas a la tierra, al agua, a las semillas y al crédito. De ahí la necesidad de reformas agrarias, de la lucha contra los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) para garantizar el libre acceso a las semillas, y de mantener el agua en su calidad de bien público a repartir de una forma sostenible.

- el derecho de los campesinos a producir alimentos y el derecho de los consumidores a poder decidir lo que quieren consumir, y cómo y quién se los produce.

- el derecho de los países a protegerse de las importaciones agrícolas y alimentarias demasiado baratas (dumping).

- precios agrícolas ligados a los costos de producción; esto será posible siempre que los países o las uniones de países tengan el derecho de gravar con impuestos las importaciones demasiado baratas, que se comprometan a favor de una producción campesina sostenible y que controlen la producción en el mercado interno para evitar excedentes estructurales.

- la participación de los pueblos en la definición de la política agraria.

- el reconocimiento de los derechos de las campesinas que desempeñan un papel esencial en la producción agrícola y en la alimentación.

Vía Campesina considera que las políticas neoliberales destruyen la soberanía alimentaria, ya que estas priorizan el comercio internacional ante la alimentación de los pueblos. Y que no han contribuido en absoluto en la erradicación del hambre en el mundo. Por el contrario, han incrementado la dependencia de los pueblos de las importaciones agrícolas, y han reforzado la industrialización de la agricultura, poniendo así en peligro el patrimonio genético, cultural y medioambiental del planeta, así como la salud de su población. Finalmente, han empujado a millones de campesinos y campesinas a abandonar sus prácticas agrícolas tradicionales, al éxodo rural o a la emigración.

Los defensores de la soberanía alimentaria no están en contra del intercambio de productos, sino de la prioridad dada a las exportaciones. El acceso a los mercados internacionales no es una solución para los campesinos, cuyo problema es antes que nada la falta de acceso a sus propios mercados locales invadidos de productos importados a bajos precios. Actualmente, sobre todo Estados Unidos y la Unión Europea abusan de ayudas públicas para reducir sus precios en los mercados internos y para practicar el dumping con sus excedentes en los mercados internacionales, destruyendo la agricultura campesina tanto en el Norte como en el Sur.

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