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Un Derecho Humano a la solidaridad

Desde la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948, el derecho internacional de los derechos humanos ha ido evolucionando, buscando respuestas a los nuevos desafíos, ampliando el catálogo de derechos, avanzando en los mecanismos de protección. En ocasiones nos parece que es un derecho “débil”, poco exigente, con poca fuerza de obligar, pero ha hecho y sigue haciendo aportes importantes para construir una comunidad internacional más digna, más justa y más pacífica.

Con la irrupción del fenómeno de la globalización y la constatación de la existencia de problemas mundiales que desbordan a la persona individual y al Estado, han comenzado a darse los primeros pasos en el desarrollo de una nueva generación de derechos humanos en el ordenamiento internacional, derechos cuyo titular es la colectividad, como es el caso de los derechos humanos al desarrollo, a la paz y a la solidaridad. Cada uno de estos derechos, en la medida que consiguen reconocimiento internacional, establece unas obligaciones a los Estados y empuja, aunque sea lentamente, para acercarnos a esa sociedad más justa.

En la actualidad se está trabajando en la definición del derecho humano a la solidaridad, que se apoya en el art. 28 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”.

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Si eres una de las personas que entienden que tenemos derecho a que nuestros gobiernos se comporten solidariamente en las relaciones internacionales y que solo una sociedad internacional solidaria será sostenible, te invito a leer y firmar este manifiesto.

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