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Una educación de calidad hace responsables a las personas, también en Haití.

Fuente: Entreculturas

La acción de Entreculturas en Haití dos años después del terremoto.

Para Entreculturas, la educación es un mecanismo de rehabilitación física y psicológica y de normalización del día a día de los niños y niñas afectados por el seísmo.
Antes del terremoto, Haití contaba con una tasa de alfabetización del 62 % y con casi 3 millones de niños fuera del sistema educativo. Las infraestructuras escolares eran de muy baja calidad y la formación del profesorado, bastante deficiente. Tras el terremoto, la situación empeoró quedando 5.000 escuelas destruidas y más de 300.000 niños y niñas más sin acceso a la educación.

Ante esa situación, el Gobierno haitiano optó por lanzar un “Plan de escolarización universal”, gratuita y obligatoria, con intención de garantizar así el derecho a la educación de todos los menores y jóvenes haitianos. Además, se han reparado 653 escuelas y se han construido otras 612. Estas acciones han venido a beneficiar a 903.000 niños y niñas que han sido escolarizados (muchos de los cuales acudían al colegio por primera vez)

Por su parte, Entreculturas -junto con su socio local Fe y Alegría-, ha conseguido encender también algunas luces de esperanza en estos dos años. “La intervención de Entreculturas en Haití se programó en dos fases”, según explica Ana Cristina García Morales, responsable de los proyectos De Entreculturas en Haití. “La fase uno tuvo una duración de seis meses y consistió en el suministro urgente de alimentos y agua a los damnificados por el seísmo. La fase dos, en la que nos encontramos actualmente, se planteó con duración de 3 años y consta de cuatro líneas de acción. La primera está orientada a ampliar la cobertura educativa en el este, centro y suroeste de Haití”, explica Ana Cristina. Y es que, desde Entreculturas, a día de hoy se han construido 38 escuelas que benefician a 1.880 alumnos/as por año y se ha contribuido a la formación de 65 nuevos profesores.
Ambroise Dorino Gabriel SJ, director de Fe y Alegría Haití, ha definido su experiencia en el país con dos palabras, “esperanza y frustración”. Esperanza por el esfuerzo del pueblo, por estos dos años de solidaridad. Frustración por un proceso de reconstrucción lento, cierta falta de coordinación de la ayuda y debilidad de las instituciones haitianas. Para ponernos en situación, ha relatado el ejemplo de Balan, una comunidad que, situada a 21 kilómetros de Puerto Príncipe, se encuentra totalmente aislada. “Tuvimos que construir una carretera para que los niños y niñas pudieran ir a la escuela. Luego surgió el problema. Como no había agua corriente en la comunidad, los padres no querían mandar a sus hijos al colegio, porque se ensuciarían y luego no tenían agua para limpiarse. Tuvimos que instalar un pozo para favorecer que los niños asistieran al colegio”. Ambroise Dorino afirma que “la gente sigue pensando que la catástrofe fue un castigo de Dios, y su manera de proceder es rezar. Pero lo que hay que hacer es actuar, hay que cambiar las cosas, y tanto Fe y Alegría como Entreculturas creemos la educación es la herramienta más urgente”.

En Haití hay futuro y ese futuro pasa por la educación. Ramón Almansa, coordinador del área de Cooperación Internacional de Entreculturas, ha establecido como uno de los principales retos educativos que el Gobierno haitiano lidere la educación y ponga en marcha el Plan de Escolarización Universal, ya que ahora el 80% de las escuelas son privadas. Además, se debe establecer una “solidaridad planificada”, las ONG que trabajen con la educación deben coordinarse. “Aunque se ven muchos signos por los que ser positivo, todavía hay que seguir trabajando en Haití y mirar hacia nuevos retos educativos, como son; conseguir una educación descentralizada, más profesores/as y mejor formados y ofrecer, junto con la educación técnica, una educación humana”, ha señalado.

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